lunes, 3 de enero de 2022

San Fulgencio de Ruspe 3 de Enero



San Fulgencio de Ruspe  3 de Enero

Obispo

Telepte (Norte de África), 462/467 + Ruspe, 1-enero-532


 1. Datos biográficos. Nació San Fulgenio en Telepte, provincia romano-africana de la Bizacena, por el año 467, algunos prefieren 462, de la noble y rica familia senatorial de los Gordianos, víctima ella también de las atrocidades que por doquier perpetraban entonces los vándalos. Sus propios escritos revelan que, huérfano desde tierna edad, su madre Mariana le procuró esmerada educación, comprendido el dominio del griego, algo de veras excepcional allí para aquella época. Administrador algunos años de los bienes familiares, decidió al fin abrazar una vida religiosamente más austera, o comprometida y, a pesar de la firme oposición materna, se hizo monje. La persecución anticatólica, sin embargo, no le permitió disfrutar de su anhelada vida de recogimiento, pues a menudo tuvo que cambiar de residencia, y en una ocasión hasta llegó a ser azotado, junto al abad Félix, por un sacerdote arriano.

La lectura de las Collationes de Casiano, es decir, conversaciones mantenidas por Casiano y Germán con los solitarios del yermo para la edificación del «hombre interior, muy difundidas entre los círculos monásticos, lo impulsó a buscar una ascesis más severa junto a los monjes de Egipto. Puesto ya en camino, justo durante su escala en Siracusa, el obispo local Eulalio con-siguió disuadirle de su propósito informándole del cisma conocido como acaciano, que en ese momento separaba a la cristiandad oriental y, en consecuencia, también a los monjes de Egipto, de la comunión con Roma y todo el Occidente. Ante aquel negativo panorama, resolvió dirigirse a Roma con ocasión de la visita de Teodorico, rey de los Ostrogodos (500). De nuevo en África, reemprendió la vida monástica, pero esta vez con la clara voluntad de entregarse a la ascesis solitaria, por cuya razón tuvo enfrentamientos con los fieles, que le exigían un mayor compromiso comunitario.

Ordenado presbítero, la decisión del pueblo se le impuso no mucho después, como les había ocurrido con sus respectivas comunidades a San Agustín de Hipona (-28 de agosto), San Paulino de Nola (-22 de junio) y el mismo donatista Petiliano de Cirta, y fue elegido obispo de Ruspe, humilde ciudad marítima de la Bizacena (507). Cayó así bajo el rigor del rey Trasamundo (496-523) contra el clero católico y fue desterrado a Cerdeña. Pero su prestigio era ya grande, según reflejan las cartas oficiales escritas desde el exilio en nombre de otros obispos confinados con él, de modo que Trasamundo, a quien agradaba la teología, lo llamó a Cartago en el año 515, para discutir juntos y ponerlo a prueba. No salió el soberano muy airoso de las entrevistas, así que, después de algún tiempo, molesto por los éxitos de la actividad antiarriana de Fulgencio, lo volvió a enviar a Cerdeña, de donde pudo volver, con los demás obispos de África exiliados allí, sólo en el año 523, luego que la muerte de Trasamundo puso fin a la hostilidad de los vándalos contra los católicos. Cubrió la recta final en la propia sede, dedicado a las actividades pastorales y a la producción literaria. Murió el 1 de enero del año 532.

2. Escritos. Con sus obras, que preludian el agustinismo medieval, se hizo intérprete y defensor del pensamiento de San Agustín. Fulgencio reanuda en ellas la polémica que el Hiponense había mantenido frente a los monjes de Provenza, mal llamados «semipelagianos» y que, proseguida por amigos y secuaces del genio africano, permaneció viva en la Galia del Sur al menos hasta el segundo Concilio de Orange (529), reunido para concluir la controversia semipelagiana con la reafirmación de la doctrina de San Agustín. Aunque la Vida de Fulgencio (Vita Fulgentii), escrita por su discípulo Ferrando, diácono de Cartago, que siguió al maestro en el exilio a Cerdeña, recuerda algunas obras hoy perdidas, hasta nosotros han llegado bastan-tes de las muchas que le fue dado escribir.

Contra los Arrianos (Contra Arrianos liber unus) parece ser las más antigua. Escrita el año 515 en Cartago cuando las discusiones con Trasamundo, quien le había hecho llegar algunas objeciones arrianas a la doctrina católica, Fulgencio de-muestra en sus páginas gran dominio de tan compleja materia. Poco después, y en evidentes condiciones de inferioridad, vuelve con A Trasamundo (Ad Trasamundum libri III) en tres libros, sobre temas cristológicos el I, porque acerca de la relación divinidad-humanidad en Cristo se condensaban en este momento los errores de los arrianos y otros herejes; hace suya la ya consolidada declaración: Cristo, uno en la persona en dos naturalezas, y, sobre las huellas de Agustín, la exigencia soteriológica de la unión de las dos naturalezas en un único sujeto. El II, sobre la inmensidad del Hijo y, por tanto, su igualdad con el Padre. Y el III contra los teopasquitas, monofisitas radicales que sostenían que Cristo había padecido con su divinidad, lo que confirma el estrecho vínculo creado en el África vándala y arriana entre controversia trinitaria y controversia cristológica.

Santa Genoveva 3 de Enero

 



Santa Genoveva 3 de Enero

Patrona de París († ca.502)


 Mezcla de tradición histórica o legendaria, la figura de esta santa destaca, poderosa, en medio del florecimiento cristiano primitivo, que venia a sustituir a los antiguos ídolos griegos, latinos o celtas.

Su nombre está asociado a la vida de los habitantes antigua Lutecia. La montaña donde Clovis había levantado una iglesia en honor de San Pedro y San Pablo se llamaría en lo sucesivo montaña de Santa Genoveva. Al lado del rey merovingio será enterrada y sucesivas vicisitudes llevarán sus cenizas hasta el lugar que hoy ocupa la iglesia de San Esteban del Monte (Saint – Etienne - du -Mont) rodeados de una hermosa reja de hierro forjado, entre cirios y exvotos de sus fieles agradecidos.

Lutecia era una ciudad sin importancia, inferior a Sens o a Lillebonne. Los textos antiguos parecen ignorarla. Cesar, en su Guerra de las Galias, hace mención escasa del oppidum de los parisii, cuando tuvo necesidad de cruzar por él en el año 53 antes de J. C. Lo cita como un territorio tranquilo en los imites de la 'Céltica y del país de los belgas, encerrado en una isla formada por 1os brazos del río Sena.

En la época romana, las grandes vías de comunicación trazadas por los vencedores van a dar importancia a la ciudad recién nacida, al paso de las tropas romanas, que llegarán hasta la península Ibérica, jalonando el territorio español de construcciones imperecederas.

Más adelante, de la isla, la pequeña ciudad irá subiendo hasta la montaña de Santa Genoveva. Los edificios que pudiéramos llamar oficiales la embellecían y, aunque sus habitantes siguen siendo escasos, ya se vislumbra a través de la vida pública que comienza, un auge incesante, que las dinastías reinantes se encargaran de acrecer.

Las invasiones de los francos y germanos dejarán la traza de su afán destructivo. Los tesoros desaparecen a su paso. Las tribus bárbaras tienen predilección por sembrar de hogueras su camino. Las ciudades romanas empiezan a fortificar sus reductos. Lutecia será un Castellum con lo que la vemos cercada de murallas y en las murallas las puertas que permiten su comunicación con exterior.

San José María Tomasi – Caro 3 de Enero

 




San José María Tomasi – Caro 3 de Enero

Cardenal y Confesor. († 1713)


Don Julio Tomasi –Caro y La Restia casó el 11 de noviembre de 1640 con doña Resalía Traina y Drago, dama de gran virtud perteneciente a la nobleza siciliana. Era sobrina del obispo de Agrigento y heredaba de su tío don Fabricio las baronías de Falconeri, La Torretta y Montecolombrino. La bendición del Señor descendió copiosa sobre el hogar de los nuevos duques de Palma, que se vio alegrado con el nacimiento de tres hijas. Francisca, Isabel y Antonia. Mas, deseando ellos un hijo varón, elevaron súplicas al cielo por mediación de San José. Al obtener la gracia suspirada. impusieron a su hijito el nombre José María, en agradecimiento a la Virgen Santísima y al glorioso Patriarca. Más tarde nacieron Fernando y Alipia Cayetana.

Licata, pequeño puerto de la ribera meridional de Sicilia, situada en la ondulación de unas colinas costeras al amparo de la mole roquera de Sant' Angelo, el Ecnomos de los antiguos, había sido comprada al rey de España por el obispo de Agrigento, el cual designó a su sobrino el duque de Palma para que en su nombre gobernara la ciudad. En ella nació José María el 12 de septiembre de 1649 siendo bautizado el día siguiente por el arcipreste de la misma, doctor Roque Fraynito, protonotario apostólico.

La infancia y la juventud de José María se deslizaron plácidamente en las rientes campiñas de Monteclaro bajo la amorosa vigilancia de sus cristianísimos progenitores, los cuales procuraron infiltrar a su muy querido hijo aquel espíritu de religión y piedad que fue siempre preciado florón de su estirpe. En la ciudad de Palma o en el vecino castillo tenía su residencia aquella noble familia que vivía únicamente para la gloria de Dios y el bien espiritual y material de sus vasallos. Mientras el se celebraba en una capilla provisional, los duques fundaron y dotaron espléndidamente el nuevo templó parroquial y un monasterio de monjas benedictinas en el que ingresaron sus cuatro hijas, la segunda de las cuales, sor María Crucificada, murió en olor de santidad y es honrada con el título de venerable.

La pintoresca comarca conserva, aún hoy día, gratísimo recuerdo de esta insigne familia, y sus habitantes refieren con orgullo al visitante la obra religioso – social de don Julio Tomasi, al que llaman con simpática reverencia "Il santo duca". La reina gobernadora, doña Mariana de Austria, en la minoría de Carlos II, queriendo enaltecer los relevantes méritos del linaje Tomasi – Caro, otorgó a don Julio y a doña Rosalía el título de príncipes de Lampedusa.

En un ambiente tan selecto y profundamente cristiano, el corazón de José María sintió bien pronto la atracción de un ideal excelso. Fue su predilección por las ceremonias litúrgicas. Por esto pidió y obtuvo que le confeccionaran los ornamentos eclesiásticos conforme a su estatura, y con ellos revestido imitaba los sagrados ritos con extraordinaria devoción y admirable compostura.

Llevado de tan santas aficiones pidió licencia a su padre para usar sus propios vestidos según el color litúrgico de cada día. El duque sólo le permitió tal variedad en las medias. Conformado y satisfecho, recordaba cada noche a su aya que se las prepara para el día siguiente. Eran los ingenuos albores de su espíritu sacerdotal, los primeros pasos de su ruta hacia el altar de Dios, porque sólo Dios alegraba su juventud.

«Dios confió su Hijo a María y a José como un niño necesitado de todo, totalmente dependiente»

 



 «Dios confió su Hijo a María y a José como un niño necesitado de todo, totalmente dependiente»

Mauro Giuseppe Lepori.

El padre Lepori, abad general del Císter, recuerda la importancia de San José en la vida espiritual, análoga a la que tuvo en la Sagrada Familia. 

El año 2021 ha sido para toda la Iglesia el año de San José, convocado así por Francisco para conmemorar el 150º aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia universal por el Papa Pío IX.

El padre Mauro Giuseppe Lepori, suizo de 62 años, abad general del Císter desde 2010, filósofo y teólogo y autor de diversos libros publicados en España por Ediciones Encuentro, se ha sumado a esta celebración josefina con el último de ellos: San José, el eco del Padre. 

-¿Cómo ha vivido este año, que acaba de terminar, dedicado a San José?

-Ha sido, para mí, una maravillosa oportunidad para volver a tomar conciencia de la paternidad de San José hacia mí. Es como si la Iglesia nos hubiera donado la gracia de encomendarnos a su cuidado paternal. Todo padre tiene una "línea educativa", tiene convicciones, tiene valores que quiere inculcar en sus hijos. En el año dedicado a San José se nos ha dado la oportunidad de redescubrir esta "línea educativa" de San José, que no es baladí porque es la misma con la que educó humanamente al Hijo de Dios, junto con María.

»Así como desde la Cruz Jesús nos dio a su Madre, a través de la Iglesia también nos da a su padre humano, para que nos eduque como le ha educado a Él en Nazaret. José nos educa al silencio, es decir, a la escucha de Dios que siempre nos habla a cada uno. José nos educa a obedecer a Dios y, por lo tanto, a descubrir que nuestra vida es un camino trazado por el Señor, a través de todas las circunstancias cotidianas. José nos educa a la responsabilidad en las relaciones y en el trabajo, es decir, nos enseña a amar responsablemente y a tener una relación responsable con todo lo que hacemos y con la realidad que se pone a nuestra disposición para cuidarla y favorecer su fecundidad y belleza.



San José y el Niño Jesús, en un cuadro de Vicente Berdusán (1666).

-¿En qué sentido San José es para Jesús un eco del Padre? 

-Dios confió su Hijo a María y a José como un niño necesitado de todo, totalmente dependiente. La encarnación de Dios no es una ficción: Cristo realmente pasó por todas las etapas del crecimiento humano, desde la concepción hasta la muerte, incluso siendo su concepción obra del Espíritu Santo y su muerte una muerte redentora y pascual. En este estado de dependencia, Jesús ha sentido la necesidad de que incluso la paternidad eterna del Padre se le transmitiera a través de la figura humana de José.

»Por esta razón, José ciertamente tuvo la gracia y el mérito de ser para Jesús un testigo fiel de la voluntad y el amor del Padre. Para vivir esto, San José, por encima de todo, obedeció. La obediencia es el secreto de transmitir al hombre la voluntad de Dios y, por tanto, todo el bien y el amor que el Padre quiere darnos. Quien obedece acoge a Dios mismo, su presencia que "se hace carne" en nuestras vidas. San José entendió que para vivir esto tenía que escuchar, callar, dar tiempo a Dios para que se revelara, para que le revelara Su voluntad.

Portada de 'San José, el eco del Padre'.



San José, el eco del Padre: una meditación del abad general del Císter.

»Si San José recibió las instrucciones de Dios en un sueño, esto no significa que fuera fácil para él aguardarlas: abrirse a la voluntad de Dios, a su palabra que muestra el camino, es un drama, una "noche oscura" difícil de cruzar, pero también una experiencia de luz en las tinieblas que renueva la esperanza.

-¿Cuáles han sido sus principales descubrimientos sobre la figura de San José?

-Sobre todo, la toma de conciencia de la que hablo en la introducción del libro: que la paternidad de San José se nos dona para que Cristo crezca en nuestra humanidad. No hay mayor gracia que la vida de Cristo en nosotros, como escribe San Pablo a los Gálatas: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Ga 2, 20).

»Para que esto se convierta en una experiencia real es importante que esta gracia pascual nos alcance y nos acompañe con una presencia eclesial madura (paterna como la de José y materna como la de María) allí donde nacemos, crecemos, vamos a la escuela, aprendemos a amar, a trabajar, a regocijarnos y sufrir. Para llegar a ser hombres y mujeres que aman la vida y saben darla. Cada vida tiene su Nazaret, un lugar de crecimiento humano elemental, comenzando por la familia, o por otros ámbitos comunitarios en los que la persona crece.

»Hoy urge recuperar este ámbito educativo eclesial, también para redescubrir que renacer y crecer en Cristo es una plenitud de humanidad que de otro modo sería imposible, porque sólo Cristo es la verdad original y completa del hombre. Que San José sea patrono de la Iglesia nos recuerda este valor especial de su paternidad para con nosotros. 

-En la crisis de fe, paternidad, madurez y virilidad que sufrimos hoy, ¿qué valores y actitudes de San José debemos imitar o aprender más y mejor?

-He hablado de su obediencia. Pero detrás de la obediencia, detrás de la escucha y el silencio, hay una concepción del yo que es el gran secreto de toda renovación personal y comunitaria que toda crisis y la crisis de todo requiere: la percepción humilde de uno mismo, la conciencia de que sólo Dios es Dios, y nosotros estamos constantemente hechos por Él con amor, modelados como la arcilla a la que el buen alfarero da forma, belleza, capacidad de servir al bien común.

»La humildad no es un dimitir de nuestro poder de generar, construir o conquistar. La humildad es la conciencia de estar hechos para una paternidad, una edificación, una victoria que no son sólo las que nuestras fuerzas hacen posible, sino las que Dios quiere realizar a través nuestro. Estamos hechos para ser padres y madres como Dios. Estamos llamados a edificar como Dios crea. Estamos llamados a vencer con la victoria de Dios, que es la victoria pascual en la muerte y resurrección de Cristo. Es el amor humilde lo que permitió a José ser el padre del Hijo de Dios, trabajar con el Creador del universo y vencer a los tiranos del mundo con el suave poder del Reino de Dios.

Colaboración en la traducción del italiano: Purificación de Vicente y Carmen García-Balbuena.

Fuente: Religión en Libertad

«Yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios» (Jn 1,29-34)

 



 «Yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios»  (Jn 1,29-34)


Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE

(Cobourg, Ontario, Canadá)

Hoy, san Juan Bautista da testimonio sobre el Bautismo de Jesús. El Papa Francisco recordaba que «el Bautismo es el sacramento en el cual se funda nuestra fe misma, que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia»; y agregaba: «No es una formalidad. Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. Un niño bautizado o un niño no bautizado no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una vida nueva, no ya en poder del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos».

Hemos escuchado los dos efectos principales del Bautismo enseñados en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1262-1266):

1º «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Un efecto del Bautismo es la purificación de los pecados, es decir, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales así como todas las penas del pecado.

2º «Baja el Espíritu», «bautiza con Espíritu Santo» (Jn 1,34): el bautismo nos hace "una nueva creación", hijos adoptivos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, miembros de Cristo, coherederos con Él y templos del Espíritu Santo.

La Santísima Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— nos da la gracia santificante, que nos hace capaces de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo; de vivir y obrar bajo la moción del Espíritu Santo mediante sus dones; de crecer en el bien por medio de las virtudes morales.

Pidamos, como nos exhorta el Papa Francisco, «despertar la memoria de nuestro Bautismo», «vivir cada día nuestro Bautismo, como realidad actual en nuestra existencia».

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Pensamientos para el Evangelio de hoy

LECTURA BREVE Is 4, 2-3

 


 LECTURA BREVE   Is 4, 2-3


Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel. A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.


 



El Verbo tomó de María un cuerpo semejante al nuestro

 



 El Verbo tomó de María un cuerpo semejante al nuestro


El Verbo de Dios tomó la descendencia de Abraham, como dice el Apóstol; por eso debía ser semejante en todo a sus hermanos, asumiendo un cuerpo semejante al nuestro. Por eso María está verdaderamente presente en este misterio, porque de ella el Verbo asumió como propio aquel cuerpo que ofreció por nosotros. La Escritura recuerda este nacimiento, diciendo: Lo envolvió en pañales; alaba los pechos que amamantaron al Señor y habla también del sacrificio ofrecido por el nacimiento de este primogénito. Gabriel había ya predicho esta concepción con palabras muy precisas; no dijo en efecto: «Lo que nacerá en ti», como si se tratara de algo extrínseco, sino de ti, para indicar que el fruto de esta concepción procedía de María.

El Verbo, al recibir nuestra condición humana y al ofrecerla en sacrificio, la asumió en su totalidad, y luego nos revistió a nosotros de lo que era propio de su persona, como lo indica el Apóstol: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad.

Estas cosas no se realizaron de manera ficticia, como algunos pensaron —lo que es inadmisible—, sino que hay que decir que el Salvador se hizo verdaderamente hombre y así consiguió la salvación del hombre íntegro; pues esta nuestra salvación en modo alguno fue algo ficticio ni se limitó a solo el cuerpo, sino que en el Verbo de Dios se realizó la salvación del hombre íntegro, es decir, del cuerpo y del alma.

Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que como todos nosotros es hija de Adán.

Lo que dice Juan: La Palabra se hizo carne, tiene un sentido parecido a lo que se encuentra en una expresión similar de Pablo, que dice: Cristo se hizo maldición por nosotros. Pues de la unión íntima y estrecha del Verbo con el cuerpo humano se siguió un inmenso bien para el cuerpo de los hombres, porque de mortal que era llegó a ser inmortal, de animal se convirtió en espiritual y, a pesar de que había sido plasmado de tierra, llegó a traspasar las puertas del cielo.

Pero hay que afirmar que la Trinidad, aun después de que el Verbo tomó cuerpo de María, continuó siendo siempre la Trinidad, sin admitir aumento ni disminución; ella continúa siendo siempre perfecta y debe confesarse como un solo Dios en Trinidad, como lo confiesa la Iglesia al proclamar al Dios único, Padre del Verbo.

De las Cartas de san Atanasio, obispo

(Carta a Epicteto, 5-9: PG 26, 1058. 1062-1066)

Sobre cómo el Señor vivifica su cuerpo mediante el Espíritu

 



Sobre cómo el Señor vivifica su cuerpo mediante el Espíritu


Al que ya no vive según la carne, sino que es llevado por el Espíritu de Dios, se lo llama Hijo de Dios, se convierte en imagen de su Unigénito y recibe el nombre de espiritual. Y de la misma manera que la facultad de ver actúa en el ojo sano, así actúa también en esta alma purificada la fuerza del Espíritu.

Y a la manera como la palabra está en la mente, unas veces como simple pensamiento del corazón, otras veces como palabra proferida por los labios, así también el Espíritu Santo habita en nosotros, unas veces dando testimonio a nuestro espíritu y clamando en nuestros corazones: ¡Abbá! (Padre), otras veces hablando por medio de nuestros labios, según aquello del Evangelio: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Ahora bien, de la misma manera que el todo está en cada una de las partes, hay que entender que el Espíritu está íntegro en cada uno de los dones que distribuye; pues todos somos miembros, los unos de los otros, aunque tengamos dones diferentes según las diversas gracias que hemos recibido de Dios.

Por eso no puede el ojo decir a la mano: «No tengo necesidad de ti»; como tampoco la cabeza a los pies: «No os necesito para nada.» Por el contrario, todos los miembros reunidos constituyen el cuerpo íntegro de Cristo, en la unidad del Espíritu, y se prestan mutuamente los servicios necesarios, según los dones que cada uno ha recibido.

Pues Dios colocó los diversos miembros del cuerpo, a cada uno de ellos según quiso. Y los miembros, por su parte, son solidarios unos de otros, en virtud del amor mutuo, nacido de su comunión en el mismo espíritu. De manera que cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro el honrado, todos le felicitan.

Y así como las partes están en el todo, así cada uno de nosotros está en el Espíritu, porque todos los que formamos un único cuerpo hemos sido bautizados en un mismo Espíritu.

Y de la misma manera que podemos contemplar al Padre en el Hijo, así también podemos ver al Hijo en el Espíritu. Por ello adorar a Dios en el Espíritu es lo mismo que adorarlo en la luz o en la verdad, como se puede deducir de las palabras que el Señor dijo a la Samaritana. Pues ella, engañada como estaba por el error de su pueblo, creía que debía adorarse a Dios en un lugar determinado, pero el Señor la instruyó, diciéndole que Dios debía ser adorado en Espíritu y en verdad, designándose, sin duda, a sí mismo como la verdad.

Por lo tanto, de la misma manera que decimos que hay que adorar al Hijo, como imagen de Dios Padre, también debemos decir que hay que adorar al Espíritu, pues posee y refleja en sí mismo la divinidad de Cristo.

Así pues, por la iluminación del Espíritu contemplamos propia y adecuadamente la gloria de Dios; y por medio de la impronta del Espíritu llegamos a aquel de quien el mismo Espíritu es impronta y sello.

Del libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo

(Cap. 26, núms. 61. 64: PG 32, 179-182. 186)



Oración al Santísimo Sacramento.

 



Oración al Santísimo Sacramento.

Te doy gracias Señor
Padre Santo,
Dios Todopoderoso y eterno
porque aunque soy un siervo pecador
y sin mérito alguno,
has querido alimentarme
misericordiosamente
con el cuerpo y la sangre
de tu hijo Nuestro Señor
Jesucristo.

Que esta sagrada comunión
no vaya a ser para mi
ocasión de castigo
sino causa de
perdón y salvación.

Que sea para mi armadura
de fe, escudo de buena voluntad;
que me libre de todos mis vicios
y me ayude a superar
mis pasiones desordenadas;
que aumente mi caridad
y mi paciencia
mi obediencia y humildad,
y mi capacidad para hacer el bien.

Que sea defensa inexpugnable
contra todos mis enemigos,
visibles e invisibles;
y guía de todos
mis impulsos y deseos
Que me una más íntimamente a ti,
único y verdadero Dios
y me conduzca con seguridad
al banquete del cielo,
donde tu, con tu hijo
y el Espíritu Santo,
eres luz verdadera,
satisfacción cumplida
gozo perdurable
y felicidad perfecta.

Por Cristo, Nuestro Señor

Amen

Fuente: Grupo de Oración Santo Cura de Ars

lunes, 3 de enero de 2022 Santo Evangelio 3 de Enero 2022

 





Texto del Evangelio (Jn 1,29-34):

 Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».



«Yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios»


Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE

(Cobourg, Ontario, Canadá)

Hoy, san Juan Bautista da testimonio sobre el Bautismo de Jesús. El Papa Francisco recordaba que «el Bautismo es el sacramento en el cual se funda nuestra fe misma, que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia»; y agregaba: «No es una formalidad. Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. Un niño bautizado o un niño no bautizado no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una vida nueva, no ya en poder del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos».

Hemos escuchado los dos efectos principales del Bautismo enseñados en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1262-1266):

1º «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Un efecto del Bautismo es la purificación de los pecados, es decir, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales así como todas las penas del pecado.

2º «Baja el Espíritu», «bautiza con Espíritu Santo» (Jn 1,34): el bautismo nos hace "una nueva creación", hijos adoptivos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, miembros de Cristo, coherederos con Él y templos del Espíritu Santo.

La Santísima Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— nos da la gracia santificante, que nos hace capaces de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo; de vivir y obrar bajo la moción del Espíritu Santo mediante sus dones; de crecer en el bien por medio de las virtudes morales.

Pidamos, como nos exhorta el Papa Francisco, «despertar la memoria de nuestro Bautismo», «vivir cada día nuestro Bautismo, como realidad actual en nuestra existencia».

sábado, 1 de enero de 2022

Martirologio Romano 1 de enero

 Posted: 31 Dec 2021 07:00 PM PST

  


CIRCUNCISIÓN
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



Todo cuanto hacéis, de palabra o de obra,
hacedlo todo en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
(Colosenses 3, 17)

  • La Circuncisión de nuestro Señor Jesucristo y la Octava de su Natividad.
  • En Roma, el triunfo de santa Martina, Virgen y Mártir; que en el imperio de Alejandro, después de atormentada con diversos suplicios, finalmente degollada, consiguió la palma del martirio. Su fiesta se celebra el 30 de este mes.
  • En Cesarea de Capadocia, el tránsito de san Basilio, llamado el Grande, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia; el cual, en tiempo del Emperador Valente, señalado en doctrina y sabiduría, y adornado de todas las virtudes, resplandeció maravillosamente y defendió con inexpugnable constancia la Iglesia, contra los Arrianos y Macedonianos. Su fiesta principal se celebra el 14 de Junio, día en que fue consagrado Obispo.
  • En el monte Senario de Etruria, el tránsito de san Bonfilio, Confesor, uno de los siete Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María; el cual, como hubiese venerado sobre manera a la celestial Señora, fue por Ella de repente llamado al cielo. Su fiesta, junto, con la de sus compañeros, se celebra a 12 de Febrero.
  • En Roma, san Almaquio, Mártir; el cual, diciendo a los gentiles:«Hoy es el octavo día del nacimiento del Señor, dejad las supersticiónes paganas y los sacrificios inmundos», de orden de Alipio, Prefecto de la Ciudad, fue muerto por los gladiadores.
  • En Roma, asimismo, en la vía Apia, las coronas de treinta santos soldados Mártires, imperando Diocleciano.
  • En Espoleto, san Concordio, Presbítero y Mártir, el cual, en los tiempos del Emperador Antonino, primeramente apaleado, después suspendido en el potro y maltratado con dura prisión, donde le visitaron y consolaron los Ángeles, terminó, por último, la vida al filo de la espada.
  • El mismo día, san Magno, Mártir.
  • En África, san Fulgencio, Obispo de la Iglesia de Ruspe; el cual, durante la persecución Vandálica, por la fe católica y su excelente doctrina, sufrió mucho de los Arrianos y fue confinado a Cerdeña; mas, al cabo, permitiéndosele volver a su Iglesia, esclarecido en la vida y en la predicación, descansó con santo fin.
  • En Chieti del Abruzo, el nacimiento para el cielo de san Justino, Obispo de la misma ciudad, esclarecido en santidad de vida y milagros.
  • En territorio de Lyon, en un monasterio del monte Jura, san Eugendo, Abad, cuya vida resplandeció llena de virtudes y milagros.
  • En Souvigny de Francia, san Odilón, Abad de Cluny, el primero que mandó celebrar en los monasterios de su Orden la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, el día siguiente a la festividad de todos los Santos; rito que aprobó y recibió después la Iglesia universal.
  • En Alejandría, el tránsito de santa Eufrósina, Virgen, la cual resplandeció en el monasterio con la virtud de la abstinencia y con milagros.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.


CIRCUNCISIÓN 
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

¡Cuán glorioso es el Nombre de Jesús; mas, cuán caro costó al Hijo de Dios! ¡Le fue menester derramar sangre para merecer este nombre de Salvador; y tú no quieres derramar, para salvarte, ni una lágrima! Es preciso imitar a Jesús en sus sufrimientos o perder la esperanza de acompañarlo en su gloria. Jesús, sed mi Salvador, y pues tanto amor habéis tenido por mí desde el comienzo de vuestra vida, inspiradme vuestro santo amor, a fin de que os ame, si no tanto cuanto merecéis, por lo menos tanto cuanto pueda.


MEDITACIÓN
SOBRE LA CIRCUNCISIÓN

I. Jesús comienza hoy lo que continuará hasta la muerte. Obedece a su Padre celestial, a María y a José. ¡Dios obedece a los hombres! Después de esto, ¿tendremos vanidad bastante como para no querer sometemos a los superiores que Dios nos ha dado? Es preciso obedecer a los que ocupan el lugar de Dios, o bien a nuestras pasiones y al demonio. Un Dios obedece a la ley, y nosotros, que no somos sino ceniza y polvo, ¿rehusaremos obedecer a Dios?

II. En ninguna parte se manifiesta más la humildad del Salvador que en esta obediencia. En el pesebre, se tomaría a Jesús por un hombre común; aquí, pasa por pecador. Jesús, que es la santidad misma, quiere abatirse hasta parecer pecador, para honrar a su Padre. Después de esto, ¿tengo derecho a quejarme de las humillaciones que recibo? He nacido en el pecado, he crecido en el pecado; sin embargo, no quiero ser llamado pecador y me irrito si se me desprecia.

III. La caridad de Jesús brilla en este misterio, toda vez que quiere, desde los primeros instantes de su vida, adoptar el nombre de Salvador y darnos su sangre y sus lágrimas como prenda de su amor. Esa sangre y esas lágrimas que derrama, son el lenguaje de su corazón: nos dice con ellas que quiere vivir, sufrir y morir por nosotros. Comencemos pues, este año, imitando su obediencia y su humildad. Amémoslo durante todo este año, hagamos todo en Nombre de Jesús. Dios mío, soy todo vuestro, durante este año y para el resto de mi vida.

La humildad.
Orad por la Iglesia.


ORACIÓN
Oh Dios, que habéis constituido a vuestro Unigénito Salvador del género humano, y habéis ordenado que se le llamase Jesús, haced, por vuestra misericordia, que después de haber honrado su Santo Nombre en la tierra, tengamos la dicha de contemplarlo a Él mismo en el cielo. 
Por J. C. N. S.



Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.







Sea todo a la mayor gloria de Dios.