Altas rocas gritan espanto desde sierras imponentes. Rojas nubes cubren de llanto todas las selvas convergentes. Fluyen ríos pestilentes en las venas vacías de una sociedad fría que camina prepotente. Madre, Virgen Clemente, extiende tu cálido regazo, cubre con amoroso abrazo el clamor del niño indigente. Dale pan al hambre persistente, agua viva a los pozos exhaustos arado y red a los pueblos infaustos y justicia al avaro incontinente.
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