sábado, 12 de agosto de 2017

Dios te salve, María...



Dios te salve, María...

Ornella Accatino


El mundo entero te saluda como a su Reina
y como a la creatura más sublime.
Por eso te repiten sin cesar:
¡DIOS TE SALVE, MARIA!

Vos sos la auténtica triunfadora sobre el Mal.
Estás siempre presente
en todas las empresas limpias,
en todos los sueños puros,
en todas las sonrisas sinceras.Por eso te decimos sin temor a exagerar:
¡LLENA ERES DE GRACIA!

Estás sobre los ángeles y arcángeles,
sobre las nubes y sobre las estrellas.
Pero igualmente te encontramos
en esa niña que fuiste,
en el amor de esa joven que vos sentiste,
en el sufrimiento de ese perseguido político
que vos experimentaste,
en la soledad de esa madre
de hijo ajusticiado por la que pasaste,
en las penurias de quien tiene que vivir
-como vos viviste- con un jornal de hambre,
en la vejez de quien se acoge
en la casa de otro como te cobijaste vos.
Estás con todos y por eso gritamos:
¡EL SEÑOR ESTA CONTIGO!

Porque dejaste hacer al Señor Dios,
porque conservabas todo
-todo lo que no entendías- para meditarlo luego en tu corazón.
Porque creíste, porque callaste, porque no figuraste, dos mil años después de todo eso te seguimos diciendo:
¡BENDITA TU ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES!

Lo tuyo, María, siempre fue llevar hacia tu hijo.
Se lo mostraste a los buenos pastores, a los opulentos magos,
a los boquiabiertos camareros de Caná, a los primeros cristianos,
a Don Bosco, a María Mazzarello, a Laurita, a nosotros...
Por eso ahora, al bendecirte, añadimos:
¡Y BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE, JESUS!

Privilegios, títulos, advocaciones o simples piropos
te han envuelto, Madre,
desde el primer instante de tu lnmaculada Concepción.
Fuiste la Madre, la Maestra y la Auxiliadora;
sin embargo, sabemos que todo se sustenta
en el hecho misterioso de que seas:
¡SANTA MARIA, MADRE DE DIOS!

Sos el cauce, sos el canal,
sos la Medianera Universal de todas las gracias que nos regala Dios.
Sos la Madre que un día nos engendró a la vida de gracia
y que lo seguirás siendo en el momento de nuestra entrega definitiva.
Por eso clamamos finalmente:

RUEGA POR NOSOTROS –PECADORES-AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE.
¡AMEN!